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sábado, 10 de abril de 2010

Rigor Mortis


Pisé el cilanco más hondo de mi vida

y se mojó la punta de mi dedo mocho

en un cilanco amplio como un lago

profundo, azul y frío.

Es el eterno agujero negro

que la luz consume y el tiempo detiene.

Nadie sabe el porqué, el porqué de su luz;

pero mitad dormido, mitad despierto puede funcionar.

Si cerrás los ojos y mirás al infinito

con las pupilas blancas de azúcar impalpable,

luego de haber inhalado edulcorante

fuerte como un rinoceronte

que embiste sin descanso

el muro de sus días…

¡Dios! ¿Quién sabe donde parar? ¿Quién sabe

cómo parar? Mas ya no hay respuesta alguna.

Redondeo de plegarias en la Biblia de tus santos

catalejos, ultratumba de maullidos asombrosos,

gruñidos de lobos hambrientos,

bramidos de pumas cebados

como mates calentitos a la hora del té

que prometen una noche de insomnio desvelado

y dichosos los que los miran pasar

sin siquiera mirar.

Tomó la perinola y la giró hacia el otro lado

para asegurar que “todos juegan” saliera nuevamente.

Y todos jugaron alegremente,

con algarabía y resonantes carcajadas

que rebotan entre paredes de mármol

frío y húmedo, y oscuro y húmedo otra vez.

Enmascarado por la bronca y la ira, saca su

palma húmeda y se hunde en los mares del olvido

con cartón corrugado como balsa

y metano de alfalfa de bandera.

Imagen: Murakami

martes, 30 de marzo de 2010

Ottis


Sobre las tumbas de un pasado quebradizo

construyó voces de encuentros manuscritos,

fluye su ser con lapicera azul de tinta idolatrada

y corre por su sangre colorada,

azulada, aterciopelada y aturdida…

Corre, fluye, nada, se inunda

de deseo y pega bocanadas de sangre

entre paredes de cal y de cemento,

la mente abierta, el cuerpo disponible…

El alma candente, el corazón caliente,

la sangre hirviente y el pezón saliente.

Muerde, eriza, lame y penetra,

y con lágrima de hiel le tatúa la frente.

Bandoneón cascabelea como musa irreverente:

do, fa, vinilo de corcheas.

Sikus, cóndor, luz, agosto,

viento, cuerda, cordillera.

Palabras sueltas hilvanadas

en trama de tapiz desvergonzado.

Lana, hilo, seda, aguja y fino bastidor…

Unidos por la acérrima paleta surrealista.

Suprarrealista, suprema y sublime

que discurre entre sueños y vigilias

en la imaginación y la fantasía.

Munidos de las grietas del mismo terremoto,

desdibujan señales del otoño que nace

en nidos de gorriones, tero teros y fotos.

Gavilanes, halcones y caranchos

con los pelos parados como pirincho.

Nos amamos o relincho.

Imagen: Rembrandt

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